Pablo Neruda

Pablo Neruda, autor del libro de poesía más leído del siglo XX, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, nació en Parral el año 1904. Comenzó a escribir muy temprano; a los pocos años demostró que no sólo era talentoso sino que era un poeta mayor. Su primer libro, Crepusculario (1923), es una excelente muestra de ello. Residencia en la tierra (1935), para muchos su mejor obra, así como el poema “Alturas de Macchu Picchu” (1950), tuvieron un enorme efecto en la poesía en lengua castellana: renovó sus temas y estilos.

Estudió pedagogía en francés en la Universidad de Chile y después siguió una carrera diplomática que le deparó no pocos problemas: en Calcuta pasó hambre puesto que no recibió su sueldo por un largo período, y en Java, Indonesia, tuvo un amor que terminó acosándolo con una pistola. Sus vueltas por el mundo –fue un viajero incansable– le brindaron una cierta aura de hombre universal.

Abrazó el comunismo, lo que lo obligó a vivir temporalmente en la clandestinidad: se le acusó de violar la Ley de Seguridad Interior del Estado. Participó activamente en política: fue senador de la República y precandidato presidencial. En su poesía se encuentran claramente manifestadas sus ideas políticas. Uno de sus últimos poemarios fue una alabanza a la revolución chilena (la cual nunca se realizó).

Amaba los libros: los escribía –siempre con tinta verde–, los leía, los traducía (y, cuando quedaban mal impresos, los destruía). En cada una de sus casas tenía una biblioteca. Poblaban sus anaqueles volúmenes sobre la historia de América y novelas policiales. Con el dinero recibido del Premio Nobel, en 1971, se compró una edición de la magnífica Enciclopedia de Diderot y D’Alembert, quizás sólo para observar sus lomos de cuero viejo y las ilustraciones de las entradas. Fue amigo de tipógrafos, quienes le publicaron su “Oda a la tipografía” en una edición de perfecto diseño.

Su escritura, de una gran versatilidad, fue visiblemente débil en un importante aspecto: el humor. Quiso hacer reír sin conseguirlo. Ahora, cuando se trataba de expresar padeceres históricos y sensaciones telúricas, cabe señalar a Neruda como uno de los más grandes poetas de todos los tiempos.

Sibarita impenitente, cambió poemas por platos de porotos granados. Le encantaba el whisky, las mujeres y sabía tocar la flauta. Coleccionó todo tipo de cosas: caracolas, mascarones de proa, botellas de colores, piedras, campanas. Alguna vez explicó que su afición al coleccionismo se debía al hecho de sentirse abandonado.

Pasó sus últimos días en Isla Negra, y murió de tristeza, dicen algunos, al ver, dos semanas después del Golpe de Estado de 1973, cómo el país que tantas veces recorrió y cantó se hundía en una larga noche. Sus convicciones políticas habían chocado de golpe con la realidad.