Gabriela Mistral

Gabriela Mistral nació en 1889 en Vicuña, una pequeña ciudad ubicada allí donde termina el Valle del Elqui. Su padre fue maestro de escuela, profesión que ella también ejerció ya a la temprana edad de 15 años. Muy preocupada por la educación chilena, escribió sobre la necesidad de contar con una ley que asegurara la instrucción primaria.

Las alegrías y tristezas de la niñez fueron un tema recurrente en su vida; su tan celebrado poema “Todas íbamos a ser reinas” es quizás el mejor ejemplo de ello. No tuvo hijos, algo que siempre quiso, pero ello no le impidió escribir muy notables canciones de cuna y rondas infantiles. “Duerme, duerme, niño cristiano” es la expresión de un profundo amor por quienes han llegado a este mundo.

Su primer libro, Desolación, publicado en 1922, el cual escribió siendo profesora en el pueblo de Coquimbito –junto al río Elqui–, así como en Punta Arenas, le brindó una notoriedad inmediata. Su tercer libro, Tala, expandió su fama más allá de Chile; muchos vieron en ella una de las voces vivas más relevantes de la lengua española. Como confirmación de la enorme calidad de su obra, en 1945 le dieron el Premio Nobel de Literatura. Fue el primer escritor latinoamericano en recibirlo. Los años han mostrado que tal premio fue absolutamente merecido: la poesía de Gabriela Mistral sigue despertando la más alta admiración.

Murió en 1956 en Nueva York, siendo cónsul, dos años después de publicar el libro Lagar, otra obra maestra. Fue velada en la Universidad de Chile y yace sepultada en Montegrande, en el Valle del Elqui, cumpliéndose así su voluntad de volver a su tierra natal.